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¿Tarjetas revolving? ¿Cómo salir de la espiral de deudas?

Vivimos actualmente inmersos en la "Era de Internet", donde existe una constante y continua Revolución Tecnológica allá donde miremos, en cualquier ámbito que podamos poner como ejemplo.

La Red es un medio inagotable de recursos cada vez más y más utilizados y demandados por particulares y empresas. Empresas que ven en este medio una oportunidad única para el desarrollo de sus negocios.

Gracias a esa conectividad, las empresas ofrecen a sus clientes, múltiples plataformas donde realizar infinidad de operaciones de todo tipo. Además, estamos conectados de manera inmediata con cualquier parte del mundo 24/7/365.

Hoy todo pasa por las autopistas de la información, lo que hace que el género humano, tenga una inaudita dependencia de las redes para desempeñar cualquier actividad cotidiana.


No podemos imaginar la vida tal como la conocemos ahora mismo sin Internet. Sin Internet el mundo sería un auténtico caos en todos los sectores económicos. La gran mayoría de datos y recursos están informatizados y dependemos inexorablemente de las computadoras y la nube.

Según publica recientemente la revista Nature, un equipo formado por expertos procedentes de la NASA y el gigante Google, han desarrollado un procesador cuántico llamado Sycamore, el cual es capaz de realizar una tarea extremadamente compleja con un tiempo de respuesta de tan sólo 200 segundos.

Algo increíble para nuestro tiempo, ya que se estima, que el mismo resultado, podría haberse obtenido con los mejores superordenadores digitales de hoy, utilizando los  algoritmos más enrevesados, en unos 10.000 años.

Frente a todo este mundo digital, aquellos que aún realizan sus compras con dinero en efectivo. Y es que eso del dinero digital sigue sin ofrecer confianza a gran parte de la población.

El sector económico se ha adaptado totalmente a la digitalización y a las nuevas formas tecnológicas, de manera que podemos tener efectivo digital en formatos como las tarjetas o incluso el propio móvil.

Hoy por hoy es de lo más normal salir a comprar con la tarjeta de débito o crédito y pagar con ella, sin necesidad de llevar encima efectivo. También existen entidades bancarias que permiten pagar con el móvil mediante apps específicas vinculadas a las cuentas.

Cada vez es más frecuente usar la moneda de plástico, ya que grandes superficies como MERCADONA, CARREFOUR, DIA y muchas otras, permiten pagar con la moneda electrónica cualquier cantidad grande o pequeña, por pequeña que ésta sea.

Este proceso digital tiene grandes ventajas y cada vez menos inconvenientes. Tener la oportunidad de pagar con tarjeta, hace posible que nos despreocupemos casi por completo del dinero en efectivo. Un dinero que podemos perder fácilmente; se nos puede estropear por la acción del agua u otros líquidos, a causa de roturas accidentales, o porque sencillamente se nos caiga en un lugar donde no podamos acceder para recuperarlo.

En este sentido, la moneda digital nos permite llevar siempre un medio de pago mundialmente aceptado, con una simple tarjeta de plástico y con unas medidas de seguridad cada vez más completas.

Cuando utilizamos la tarjeta, debemos introducir nuestro número personal de identificación, a través del cual, damos conformidad a la operación. Y, aunque bien es cierto, que para cantidades pequeñas, generalmente hasta 20 €, en ocasiones, no es necesario introducirlo, siempre tenemos a la mano, en el mismo móvil, el extracto de las operaciones realizadas.

También podemos establecer en la plataforma de nuestro banco, en nuestra área de cliente, avisos mediante SMS de las operaciones de compra que se realicen con la tarjeta.

Es cierto que las tarjetas de crédito pueden copiarse o clonarse, sin embargo, cada vez existe mayor control y mayores garantías. La incorporación del chip a las tarjetas ha aumentado considerablemente la seguridad de las mismas y podemos rehusar cada vez más fácilmente aquellas operaciones fraudulentas que no hayamos realizado.

Podemos anular la tarjeta y solicitar otra con una numeración distinta, podemos bloquear las tarjetas por robo o extravío, y las entidades que las emiten, incluyen en sus contratos seguros concretos para situaciones de fraude que pudieran llegar a producirse.

Además, cuando utilizamos la tarjeta o el móvil para pagar, podemos pagar en el acto, es decir, nos retiran la cantidad de nuestra cuenta bancaria, podemos pagar a final de mes todas las compras que hayamos hecho durante ese período, y podemos fraccionar una compra concreta o incluso todo el gasto del mes.

Sin embargo, las tarjetas y el pago digital también tienes sus contras para el usuario.

Cuando pagamos, sobre todo, con la tarjeta de crédito, - ésa que nos cobra todo el montante a final de mes o la que nos permite fraccionar el pago en meses sucesivos-; lo hacemos sin ser, muchas veces conscientes, de las cantidades que estamos pagando.

Esto provoca que cada vez acumulemos más deuda en la tarjeta, dinero que tenemos que pagar de una forma u otra, ya sea a final de mes o de forma diferida.

Si optamos por fraccionar el pago, tenemos que tener en cuenta el porcentaje de interés que nos cobrará el emisor de la tarjeta por las cantidades dispuestas.

Lamentablemente, el porcentaje de interés que suelen cobrar las entidades bancarias o financieras por dejarnos dinero a plazo para consumo, es muy elevado.

Hablamos que el porcentaje de interés puede partir del 18% anual de lo dispuesto, incluso el 24%.

¿Esto qué quiere decir?

Pues, si ponemos un ejemplo con la fórmula de interés simple, es decir, el interés que nos cobrarían en un año; esto se traduce de la siguiente forma.

Imaginemos:

- Capital dispuesto 2.100 €
- Forma de pago: diferido
- Interés: 18%

¿Cuánto pagamos de intereses cada mes?

Vamos a utilizar la fórmula:

I = C * i * t

I = Intereses generados
C= Capital dispuesto
i= Tipo de interés aplicado a la operación (18%, 21%, 24%...)
t= Tiempo

I = 2100 * 0,18 * 1
I = 378 €

Es decir, por un capital dispuesto con la tarjeta de crédito de 2.100 €, a un tipo de interés del 18% durante un año, nos van a cobrar 378 €, o lo que es lo mismo, 378 / 12= 31,50, esa operación nos costará mensualmente 31,50 €, que se sumarán a los 2.100 € dispuestos y a otras cantidades que dispongamos a posteriori para capitalizar el préstamo.

Hay que tener en cuenta que cuando aplazamos una o varias operaciones de compra, generalmente, lo hacemos porque no disponemos del total del dinero. Y encima, las cuotas del pago aplazado suelen ser pequeñas, para que podamos pagarlas "cómodamente".

Comprar con la tarjeta y pagar de forma aplazada con pequeñas cuotas nos puede llevar a una situación insostenible que lo único que hará es que el dinero que debamos llegue a ser inasumible para nosotros a corto o medio plazo.

¿Estás ya en esa situación?

Únete a la cola de quienes nos hemos visto en esa circunstancia...

¿Qué puedes hacer para solucionarlo?

Lo primero, apretarte y mucho el cinturón. A partir de este momento, tendrás que contener el gasto y destinar recursos económicos para pagar lo que debes.

Francamente, cuando utilizamos la tarjeta y pagamos lo dispuesto de forma aplazada es porque no podemos soportar adecuadamente nuestro gasto mensual.

¿Todo se junta, verdad?, hipoteca, coche, suministros, la cesta de la compra, gastos extraordinarios en ropa, calzado, viajes, cumpleaños, navidades, reyes, ocio, etc. La tendencia a asumir costes que está por encima de nuestras posibilidades es algo que este medio de pago nos posibilita.

Por supuesto, habitualmente, es frecuente que no sólo utilicemos una única tarjeta de crédito, sino que asiduamente utilizamos varias con el mismo sistema, lo que hace que tengamos los mismos problemas con otra entidad.

¿Es delito que las entidades bancarias y financieras cobren a sus clientes intereses tan altos por lo dispuesto en las tarjetas como créditos al consumo?

En realidad, se trata de un acuerdo privado entre ambas partes. Sin embargo, el alto tribunal ya ha sembrado jurisprudencia al respecto declarando como usura este tipo de contratos. Lo que hace posible que el cliente esté en disposición de rescindir el contrato y reclamar los intereses cobrados de más.

Pero claro, ello implica tener que pagar todo el montante adeudado. Y, generalmente, no disponemos de esas cantidades de dinero, por eso pagamos a crédito...

Entonces, ¿cómo podemos quitarnos de encima este tipo de deudas?

El problema empieza a ser preocupante cuando nos cuesta horrores hacer frente a los gastos del mes más esas cuotas extras, aunque tiene un lado positivo, al menos el pago de estas tarjetas lo podemos hacer de la forma que más nos convenga.

Es decir, podemos pagar, desde un mínimo, 100, 125, 150, 200 ó 275 € al mes por ejemplo. De esta forma, si un mes tenemos algún dinerillo extra lo podemos emplear para quitar parte de la deuda.

También podemos sacar un préstamo convencional, a un interés mucho más bajo, para poder pagar lo que debemos. Sin embargo, la cuota suele ser rígida y puede que nos veamos en muchas ocasiones con la soga al cuello, o directamente, no podamos pagar.

Hay muchos métodos que se aconsejan por la Red. Vamos a exponer aquí un método eficaz para intentar ayudarte.

Es muy importante que te pares muy detenidamente a anotar cuáles son tus cuotas mensuales y el sueldo que percibes.

Ante todo, debemos intentar prescindir de aquellas cuotas que no necesitemos mantener, NETFLIX, HBO, GYM, suscripciones digitales o de ocio, productos Fusión de telefonía, internet y TV, etc.

Si no podemos o queremos prescindir totalmente de este tipo de cuotas, en su defecto, vamos a intentar reestructurar el gasto.

Es decir, pensemos que esta situación excepcional la vamos a mantener durante un tiempo relativamente largo, al menos, hasta que podamos respirar. Si hay alguna de esas cuotas que necesitemos mantener, busquemos una alternativa.

Por ejemplo, si el GYM nos cuesta, por ejemplo 50 €, vamos a buscar otro en donde la cuota sea 25 ó 30. Si tenemos contratado netflix para los niños, intentemos apoyarnos en los recursos de Youtube, o en el peor de los casos, compartamos la cuota con un familiar.

Tenemos que reducir nuestros gastos mensuales para poder pagar lo que debemos de las tarjetas. Esa es la idea principal.

¿Qué deudas nos interesa quitar primero?

Si buscamos en Google, encontraremos consejos para aburrirnos. Yo te voy a comentar mi caso particular por si puede servirte de ayuda.

Algo primordial que tienes que hacer es no pagar ni un euro con la tarjeta o tarjetas con las que tengas deudas y cuotas a plazos. O, al menos, pagar lo estrictamente necesario, ya que. a veces, no hay más remedio.

Podemos guardar esas tarjetas en casa, mandarlas al último hueco de la cartera, etc.

Lo que yo hice fue reducir mis gastos mensuales de la forma en que he comentado anteriormente. Priorizar mis necesidades y eliminar o adecuar las cuotas de servicios que estaba pagando.

Posteriormente, pagar las cuotas a las que llamé cuota fijas o rígidas. Es decir, aquellas cuotas cuyas cantidades no puedes reducir y que son las que más perjuicio nos causan cada mes.

¿Cuáles son este tipo de cuotas? Pues por ejemplo, las que vienen de la mano de productos ofrecidos por el banco donde tienes la nómina. En mi caso, el Deutsche Bank ofrece un método de pago que denomina FLEXIPAGO, de forma que puedes pagar con la tarjeta de crédito el importe y posteriormente fraccionar el pago de esa compra hasta en 18 meses según te interese.

Cuando tienes una o dos cuotas flexipago, lo puedes llevar, bien, pero cuando ya tienes siete u ocho, la suma de todas ellas se convierten en una letra más que hay que pagar.

Bien es cierto, que este producto te genera un interés mínimo en comparación con los intereses que pagas en el pago aplazado de tarjetas, pero te quita solvencia económica para hacer frente a las cuotas con mayor importe de interés, con lo cual, el perjuicio es mayor.

Si tienes posibilidad, pide prestado algún dinero a tu familia. No tienes por qué pedir la totalidad de lo que debes, pero sí una cantidad que te permita liberar parte de la deuda.

Cuando hayas reajustado tu economía y te hayas deshecho de parte o el total de las cuotas rígidas, intenta centrarte en la tarjeta de crédito donde la deuda sea menor.

Vas a tener que seguir pagando un importe mensual por el importe que debas de las tarjetas, y desde luego, por los gatos mensuales que lleves por delante.

Establece el pago mínimo que te dejen las entidades emisoras de las tarjetas. Y cada mes que tengas un poco de disponible, vé amortizando poco a poco lo que debes.

¿De qué forma?

A través de los métodos de pago que te ofrezca la entidad emisora de tu tarjeta. En Winzik por ejemplo puedas hacer transferencia bancaria y puedes disminuir el importe adeudado mediante tarjeta de débito.

Es un camino largo y penoso, porque en ocasiones sientes una gran frustración, pero es la única manera de librarte de las deudas.

Una vez hayas finalizado de pagar lo que debes en las tarjetas de crédito, cambia el pago a fin de mes y consulta frecuentemente tus gastos.

"No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita".

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